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Venezuela: punto de quiebre

Latin America Briefing N°30 21 May 2014

PANORAMA GENERAL

La violencia ha exacerbado una situación política ya de por sí tensa en Venezuela y ha hecho que encontrar una solución sea más urgente y más complicado. Las perturbaciones ocurridas en todo el país, luego de las muertes del 12 de febrero en el contexto de una protesta convocada por líderes estudiantiles y por un sector de la oposición, desencadenaron una crisis política que ha involucrado a los países vecinos de Venezuela en los esfuerzos por encontrar una solución negociada. Para principios de mayo, esta violencia había provocado al menos 42 muertes y numerosas violaciones de los derechos humanos. La incapacidad de poner fin a la violencia a través de negociaciones ha complicado la tarea de resolver los serios problemas económicos y sociales. Ha dañado también la credibilidad de las instituciones regionales. Para revertir la crisis y convertir este punto de quiebre en una oportunidad, ambos bandos deben comprometerse en un diálogo político basado en la Constitución; el gobierno debe respetar sus compromisos con los derechos humanos y restaurar el Estado de Derecho y la separación de poderes; y la comunidad internacional debe proveer a ambos lados con garantías, asistencia técnica y apoyo político.

La turbulencia, anticipada hacía tiempo por Crisis Group y otros, es el resultado de dos interpretaciones irreconciliables de la historia venezolana reciente. De acuerdo al gobierno del presidente Nicolás Maduro, sus orígenes residen en una conspiración por parte de miembros de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y fuerzas foráneas (en particular, los Estados Unidos), para deponer a su gobierno y restaurar el régimen “oligárquico” que perdió el poder frente a Hugo Chávez, predecesor y mentor de Maduro, en las elecciones de 1998. Su motivación principal, de acuerdo a esta interpretación, es el control de las reservas de petróleo del país, estimadas por algunos como las más grandes del mundo. Para la MUD, cuyos principales líderes fueron tomados por sorpresa por la intensidad y duración de las protestas, la raíz está en la insistencia del gobierno en políticas socialistas radicales y su falta de respeto por la Constitución; las dificultades económicas, el crimen y la exclusión política complican aún más la situación.

Esta polarización se refleja más allá de las fronteras de Venezuela. Algunos aliados en la región se apresuraron para apoyar al gobierno elegido pero sitiado y desdeñaron inicialmente a la oposición como una minoría violenta, mientras que otros deploraron el uso excesivo de la fuerza, alegaron violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad del gobierno y abogaron por una salida negociada. Los actores internacionales están cada vez más preocupados, y con buenas razones, de que un fracaso de los esfuerzos por contener y finalmente resolver la crisis podría tener consecuencias graves en la región. Algunos temas pendientes e importantes, incluyendo el proceso de conversaciones que se desarrolla actualmente para terminar con el conflicto armado que ha durado décadas en Colombia y las reformas incipientes en Cuba, tienen una importante dimensión venezolana.

Un diálogo, todavía frágil, que empezó a fines de marzo y que es facilitado por los ministros de relaciones exteriores de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y El Vaticano, ha llevado al gobierno y al menos a una parte del liderazgo de la MUD a la mesa de negociaciones. Su éxito depende de que se enfrenten los factores básicos que condujeron a la crisis. Necesita sentar las bases para el consenso político que es a su vez vital para que la crisis económica, y el crimen violento, sean enfrentados con eficacia. Sobre todo, se debe restaurar la autonomía de las instituciones del estado, especialmente del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), la Fiscalía General y el Consejo Nacional Electoral (CNE), así como reclutar a profesionales respetados e independientes. La violencia en las calles se explica en parte como consecuencia del bloqueo de los mecanismos pacíficos de resolución de controversias por parte del gobierno, que controla los canales a través de los cuales esta solución normalmente se produciría.

Este boletín presenta respuestas a las preguntas más importantes relacionadas con la crisis, analiza los orígenes del conflicto, los detonantes de la violencia y sus actores más relevantes. El boletín también mira hacia delante las opciones disponibles para Venezuela y proporciona una evaluación del diálogo actual, formula ideas relacionadas con los elementos esenciales que se requieren para asegurar una paz duradera y cómo la región y la comunidad internacional en general pueden contribuir de la mejor manera posible.

 
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